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La noche nos envuelve
en su manto de versos y espejismos.
Las calles nos persiguen
como prismas ingrávidos,
por el espacio sombra del recuerdo
o el desamor teñido de nostalgia.
Se doblan las aceras con tu risa
y sueñan los portales a mi paso.
Las campanas sorprenden con su música,
a lo lejos un perro...
y un camión se dirige a su destino.
Los charcos son un símbolo
de la vida estancada en otro siglo
y lo oscuro seduce
a numinosas formas y colores.
Las fachadas despiertan del letargo
y los carteles hablan con imágenes.
Las horas se detienen
y tú sólo me miras,
al tiempo que la luz se disgrega en penumbra.
Ana Muela Sopeña
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